¡Hola! Soy Leo, y tengo un secreto increíble. No es un secreto de los que te hacen cosquillas en la nariz, ¡es un secreto mágico! Resulta que tengo una varita mágica. Sí, sí, ¡una de verdad! Me la encontré un día debajo de mi cama, brillando con un polvillo dorado. Era preciosa, hecha de una madera que parecía caramelo y con una estrellita en la punta que parpadeaba suavemente.
Al principio, intenté usarla para todo. Quería que mi desayuno se convirtiera en un pastel de chocolate (¡ñam!), o que mi mochila volara sola al colegio. Pero no pasaba nada. ¡Qué chasco! Pensé que era una varita de juguete, hasta que un martes por la mañana…
¡BUM! Intenté hacer que mi osito de peluche, el Capitán Bigotes, se hiciera gigante. Y de repente, ¡el Capitán Bigotes era más grande que mi cama! ¡Casi toca el techo! Mi mamá se asustó un poco cuando lo vio, pero yo estaba emocionado. ¡La varita funcionaba! Pero solo los martes.
Cada martes, mi día se volvía una aventura. Un martes convertí las zanahorias del almuerzo en nubes de algodón de azúcar (¡mi mamá no estaba muy contenta con esa!). Otro martes, hice que mi perro, Pipo, pudiera hablar. ¡Pipo me dijo que quería más croquetas y un paseo extra largo!
La semana entera esperaba con ansias el martes. Planificaba qué travesura o qué cosa divertida iba a hacer. Mi varita y yo éramos el equipo más genial de los martes. Y aunque a veces las cosas no salían como yo esperaba (como la vez que intenté hacer que mi cama volara y solo levitó un poquito antes de volver a bajar), ¡siempre eran martes llenos de magia!
Así que, si algún día me ves por ahí con una sonrisa de oreja a oreja un martes, ¡ya sabes por qué! ¡Es que mi varita y yo estamos listos para la próxima aventura!
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