jueves, 9 de octubre de 2025

La brújula que solo apunta a los abrazos

 

Leo

😅Hola, soy Leo, y tengo un gran secreto. No es un secreto de "¡no le digas a nadie o explotará el mundo!", sino uno de esos secretos que te hacen sonreír mucho. Mi secreto es mi brújula.

No es una brújula normal, de esas que usan los exploradores para encontrar el norte. ¡La mía no sabe dónde está el norte ni le importa! Mi brújula es de color verde kiwi brillante y tiene un agujero en medio. Lo más especial es su aguja, que es de un color naranja fosforescente.

Mi brújula se llama Brazos, y solo sabe hacer una cosa: apuntar a los abrazos.

Cuando estoy en casa y siento que necesito un poco de cariño, miro a Brazos. La aguja naranja empieza a girar como si estuviera buscando algo muy valioso. ¡Tic-tac, tic-tac! De repente, se detiene y ¡zas! Apunta directamente hacia... ¡la cocina!

Sigo la dirección que me marca, y allí encuentro a mi mamá cocinando galletas. Ella me ve, sonríe, y antes de que pueda decir "¡Galleta!", me da un abrazo tan cálido que huele a canela. La aguja de Brazos se queda quieta, como diciendo: "¡Misión cumplida!"

Un día, estaba en el parque y me sentía un poco solo. Todos mis amigos jugaban a la pelota, pero yo me había quedado mirando una mariquita. Saqué a Brazos de mi bolsillo. ¡La aguja empezó a dar vueltas a toda velocidad! Se detuvo y apuntó hacia el gran árbol del centro.

Me acerqué despacio y vi a mi amiga Sofía. Estaba sentada sola, con su peluche favorito, un dinosaurio azul, y parecía un poco triste.

"Hola, Sofía," le dije. "¿Estás bien?"

Ella suspiró y me enseñó su dino. "Se me ha caído y se le ha roto una garra," me dijo con voz chiquitita.

En ese momento, la aguja de Brazos se movió como loca. ¡Apuntaba justo a Sofía! Entendí el mensaje. Un abrazo a veces es mejor que un curita (tirita).

Me senté a su lado y le di un abrazo fuerte, uno de esos que dan mucha energía. Lo abracé tan fuerte que mi gorra se cayó al suelo. Sofía se rio un poquito y me devolvió el abrazo. Cuando nos separamos, ya no estaba tan triste.

"Gracias, Leo," me dijo. "Tu abrazo es mágico."

Y mi brújula, Brazos, estaba totalmente quieta. ¡Ya había encontrado su objetivo!

Desde ese día, siempre llevo a Brazos conmigo. Me ha llevado a abrazar a mi abuelo cuando está leyendo el periódico, a mi perro cuando está durmiendo la siesta, ¡y hasta a una almohada gigante cuando no había nadie cerca!

He aprendido algo muy importante: el mejor tesoro que puedes encontrar no es oro ni joyas; es un buen abrazo. Y gracias a mi brújula de color verde kiwi, siempre sé dónde encontrar el próximo.


¿A quién te gustaría que Brazos te señalara para darle un gran abrazo ahora mismo?



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