martes, 9 de diciembre de 2025

La isla donde los árboles daban pompas de jabón

 

La isla donde los árboles daban pompas de jabón

¡Hola! Soy Lía, y hoy les voy a contar sobre el lugar más mágico que he visitado: "La isla donde los árboles daban pompas de jabón".

Todo empezó un día de verano, en la playa. Estaba haciendo un castillo de arena cuando una botella de cristal, brillante y con un corcho de madera, flotó hasta mis pies. Dentro, había un mapa enrollado. ¡Era un mapa del tesoro! Pero no de oro, ¡sino de una isla secreta! Decía: "La Isla Burbuja, donde los árboles dan pompas de jabón".

Con mi mochila de exploradora y mi brújula (¡que me la regaló mi abuelo y funciona de verdad!), convencí a mis padres para que me llevaran en nuestra barquita. Navegamos y navegamos, siguiendo las indicaciones del mapa, hasta que, al amanecer, ¡vimos algo increíble en el horizonte! Una isla con árboles que brillaban bajo el sol.

Cuando llegamos a la orilla, no lo podía creer. ¡Los árboles no tenían hojas, sino burbujas! Eran pompas de jabón de todos los tamaños y colores, flotando y reventando suavemente en el aire. Algunas eran tan grandes como mi cabeza, otras tan pequeñas como canicas. El aire olía a limpio y a fresas, y el sonido de las burbujas al estallar era como una música suave.

Caminé entre los árboles, maravillada. Intenté atrapar una pompa de jabón, pero se reventaba en cuanto la tocaba. Entonces, vi a unos pequeños seres, como hadas diminutas, revoloteando y empujando las burbujas con unas varitas brillantes. ¡Ellas eran las que cuidaban los árboles de pompas! Una de ellas, con alas de libélula, se acercó a mí y me ofreció una varita mágica.

Con la varita, pude soplar mis propias pompas de jabón, ¡y eran las más bonitas que había visto nunca! Jugamos a perseguirlas, a ver quién hacía la más grande, y hasta hicimos una carrera de burbujas flotantes. Pasé horas riendo y disfrutando de ese lugar mágico. Los colores del atardecer se reflejaban en las burbujas, creando un espectáculo inolvidable.

Cuando el sol empezó a esconderse, supe que era hora de volver. Las hadas de las burbujas se despidieron con un suave revoloteo, y yo prometí que un día regresaría. Volví a la barca con el corazón lleno de alegría y la cabeza llena de burbujas. Nadie en casa creyó mi historia de la isla mágica, pero cada vez que soplo una pompa de jabón, ¡recuerdo mi increíble aventura!

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