¡Hola a todos! Soy Tomás, y tengo una imaginación que me lleva a lugares increíbles. Hoy les voy a contar cómo construí "El cohete hecho con cajas de cereal" y la aventura que viví con él.
Un día de lluvia, estaba aburrido en casa, mirando mis cajas de cereal vacías. Una de las cajas era grande, de esas de copos de maíz gigantes, y de repente, ¡bingo! Tuve una idea brillante. ¿Y si construía un cohete? Empecé a juntar todas las cajas de cereal que encontré: de chocolate, de miel, de frutas... ¡Tenía una montaña de cajas!
Con la caja más grande como el cuerpo principal, y las cajas más pequeñas para las alas y la nariz puntiaguda, empecé a pegar y a cortar. Usé cinta adhesiva de colores y dibujé ventanillas con marcadores. Para los botones y palancas de control, usé tapones de botellas y rollos de papel higiénico. ¡Mi cohete espacial, la "Estrella de Cereal", estaba quedando espectacular! Mi perrito, Rocket (sí, se llama Cohete), observaba con curiosidad, moviendo la cola.
Cuando el cohete estuvo listo, me metí dentro. Era un poco estrecho, pero perfecto para un astronauta como yo. Rocket intentó meterse también, pero era demasiado grande, así que se quedó como mi "control de misión" en la Tierra. Conté hasta diez, pulsé los "botones" y grité: "¡Despegue!". Cerré los ojos e imaginé que el cohete se elevaba, dejando la Tierra atrás.
De repente, sentí un ligero temblor, ¡y vi estrellas por las ventanillas! No eran las estrellas que había dibujado, ¡eran estrellas de verdad! Flotaba ingrávido en el espacio, y mi cohete de cajas de cereal era el más increíble de la galaxia. Pasé junto a planetas de colores, vi cometas brillantes y hasta saludé a un amistoso marcianito verde que pasaba en su propia nave.
Mi aventura espacial fue fantástica. Bailé con las estrellas, salté de un asteroide a otro (sin salir de mi cohete, claro) y descubrí una nebulosa que parecía un algodón de azúcar gigante. Pero lo mejor de todo fue ver la Tierra desde arriba, ¡tan azul y hermosa! Después de un tiempo, supe que era hora de regresar a casa. Volví a pulsar los "botones" y grité: "¡Aterrizaje!".
Abrí los ojos y estaba de nuevo en mi sala, dentro de mi cohete de cajas de cereal. Rocket me lamía la cara, feliz de mi regreso. Nadie sabrá nunca que mi cohete me llevó a las estrellas de verdad, pero yo sí. Y cada vez que veo una caja de cereal, sé que no es solo desayuno, ¡es combustible para una nueva aventura espacial!
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