En mi escritorio tengo una caja de madera con veinticuatro lápices de colores. Todos son muy trabajadores: el azul pinta cielos, el verde pinta bosques y el rojo siempre está cansado de pintar tantos corazones y manzanas. Pero hay uno, el Lápiz Naranja, que es un caso aparte.
El dibujo misterioso
Ayer intenté dibujar un sol brillante. Tomé al Lápiz Naranja, lo apoyé en el papel y, en lugar de dejar una línea recta, el lápiz empezó a dar saltitos: ¡ji, ji, ja!
— "¡Oye! —le dije, intentando sujetarlo con fuerza—. ¡Quédate quieto, que el sol me está saliendo con forma de huevo frito!"
Pero no había manera. Cada vez que la punta del lápiz tocaba el papel, el papel se arrugaba de la risa. ¡El Lápiz Naranja no pintaba color, pintaba cosquillas!
Una oficina llena de risas
Lo que pasó después fue un desastre total (pero un desastre muy divertido):
Intenté guardar el lápiz en el estuche, pero el estuche empezó a sacudirse y a soltar carcajadas.
El sacapuntas, que siempre es muy serio y gruñón, acabó con hipo de tanto reírse mientras intentaba sacarle punta a ese lápiz travieso.
¡Incluso mi mano empezó a temblar de la risa y acabé dibujándole bigotes de gato a mi propia nariz sin querer!
El gran descubrimiento
Me di cuenta de que el Lápiz Naranja no quería pintar cosas aburridas. Él quería ser un "Lápiz de Alegría". Así que lo usé para algo especial: dibujé una sonrisa invisible en la palma de mi mano.
¿Y sabes qué? Cada vez que me sentía un poco triste o aburrido durante el día, solo tenía que mirar mi mano y sentía un pequeño "cosquilleo" naranja que me recordaba que la vida es mucho mejor si te ríes un poco.
Un truco mágico: Si algún día ves un dibujo que parece que se mueve o que tiene los colores un poco locos, busca cerca... seguro que el Lápiz Naranja ha pasado por ahí haciendo de las suyas.
¿Te gustaría que te contara qué pasó cuando el Lápiz Naranja y la Goma de Borrar decidieron jugar a las travesuras y borraron todos los lunes del calendario?
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