¡Hola, soy Sofía, y tengo una historia que les va a encantar! Se llama "El túnel que cruzaba el fondo del jardín".
Un día, mientras jugaba a las escondidas con mi perro Roco en el jardín de casa, Roco empezó a ladrar como loco junto a la valla del fondo. Rasgaba la tierra con sus patas, ¡parecía que quería cavar un tesoro! Me acerqué y, para mi sorpresa, vi un pequeño agujero escondido entre las raíces de un viejo árbol. Era un túnel, ¡un túnel secreto! Era oscuro, pero sentía una brisa suave salir de él.
Al día siguiente, equipada con una linterna y mi mochila de exploradora (con galletas, por si acaso), decidí que era hora de la aventura. Roco, por supuesto, fue mi fiel compañero. Nos arrastramos por el túnel, que olía a tierra mojada y a misterio. Al principio, era un poco estrecho y oscuro, pero mi linterna iluminaba el camino. Roco, que es un poco miedoso pero muy valiente, iba justo detrás de mí, oliendo cada rincón.
Después de lo que parecieron horas, pero seguramente fueron solo unos minutos, empezamos a ver una luz al final del túnel. ¡Estaba cada vez más cerca! La luz era brillante y de colores, como un arcoíris. Cuando finalmente salimos, no lo podíamos creer. No estábamos en el jardín de mi vecino, ni en la calle, ¡estábamos en un bosque de caramelos!
Los árboles tenían troncos de regaliz y hojas de algodón de azúcar. Las flores eran piruletas de todos los sabores. Había un río de chocolate con leche y patos de gominola nadando en él. Roco empezó a ladrar de alegría y a intentar atrapar los patos de gominola. Yo no sabía qué hacer primero: ¿probar una hoja de algodón de azúcar o saltar en el río de chocolate?
Pasamos la tarde comiendo dulces y explorando este lugar increíble. ¡Era como estar dentro de un cuento de hadas! Pero el sol empezó a ponerse, y sabíamos que teníamos que volver a casa antes de que mamá se preocupara. Con el corazón lleno de alegría y los bolsillos llenos de caramelos (y Roco con la barriga llena de gominolas), encontramos la entrada del túnel y nos arrastramos de vuelta.
Cuando salimos al jardín, el sol ya se estaba escondiendo. Parecía que solo habíamos estado fuera unos minutos. Nadie creería nuestra historia del bosque de caramelos, así que Roco y yo decidimos guardar nuestro secreto. Pero cada vez que miro el viejo árbol en el fondo del jardín, sé que nuestro túnel mágico nos espera para otra aventura.

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