lunes, 27 de julio de 2026

La Bufanda de los Vuelos Bajitos

 

En el pueblo de Vientofresco, donde el aire siempre huele a pinos y a aventura, vivía Nico. Nico era un niño un poco tímido que siempre caminaba mirando sus zapatos, hasta que su abuela le tejió una bufanda de lana color naranja fuego.

—Ten cuidado, Nico —le dijo la abuela mientras se la anudaba al cuello—. Esta bufanda tiene hilos de nube y flecos de brisa.

Nico salió a la calle y, de repente, sintió que sus pies pesaban menos que un globo de helio. Cuando intentó saltar un charco, ¡no aterrizó enseguida! Se quedó flotando a unos centímetros del suelo, balanceándose suavemente.

—¡Estoy volando! —gritó Nico emocionado.

Pero no era un vuelo de pájaro alto, era un vuelo bajito. La bufanda permitía a Nico deslizarse sobre el césped, saltar por encima de los bancos del parque y hacer piruetas sobre las flores sin tocar ni un solo pétalo.

Gracias a su bufanda mágica, Nico perdió el miedo a explorar. Se atrevió a subir a la colina más alta, donde el viento soplaba con fuerza, y allí la bufanda se desplegó como si fuera un par de alas largas y suaves. Nico no solo volaba, sino que se sentía el niño más valiente del mundo.

Al llegar la primavera, el calor hizo que Nico tuviera que guardar la bufanda en el cajón. Al principio tuvo miedo de volver a caminar "pegado" al suelo. Pero al dar el primer paso hacia el colegio, se dio cuenta de algo asombroso: aunque no flotaba, su corazón seguía sintiéndose ligero y valiente.

La bufanda no le había dado el poder de volar, solo le había enseñado que el valor siempre estuvo en sus propios pies.

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