Hola. Yo soy Nube Nita, y no soy una nube como las demás. ¿Ven ese color blanco y esponjoso? Pues no crean que es vapor sin más. ¡Es lana de algodón!
Las otras nubes, las grandes y grises, solo saben hacer dos cosas: viajar muy rápido y dejar caer lluvia fría y mojada. A mí, en cambio, me gusta quedarme quietecita, flotando justo encima del pueblo, porque tengo una misión secreta.
Yo soy una tejedora.
🧶 El Secreto de Mis Gotas
Mi secreto es que mis gotas de agua no son para regar, sino para tejer. Cuando el sol me calienta, mi algodón se hace muy suave. Yo muevo mis bordes, así, despacio, y mis hilos se estiran. Pero me di cuenta de algo muy triste...
Cuando miraba hacia abajo, veía a los niños del pueblo. No los que jugaban en verano con camisetas, sino los que salían en invierno, temblando con bufandas viejas. A veces veía un gatito acurrucado bajo un banco, y a una flor pequeña que no podía abrir sus pétalos por el frío.
¡Ay, cómo me gustaría que estuvieran calentitos! —pensé yo.
Así que tuve una idea. Usé mis hilos de algodón más fino y comencé a tejer con mucho cuidado.
🧤 El Primer Abrigo (Un Secreto de Noche)
Mi primer proyecto fue el más difícil. Esperé a la noche, cuando todos dormían. Me coloqué justo encima de la casa más pequeña y me puse a tejer... ¡un gorro!
Era un gorro pequeño, blanco, tan mullido como una almohada. Con mis gotas más delicadas, lo dejé caer suavemente, como si fuera una pluma, justo en la ventana de la niña que siempre tenía las orejas rojas.
A la mañana siguiente, la niña encontró el gorro. Creía que había caído del cielo, ¡y no se equivocaba! Se lo puso, y su rostro se iluminó de calidez.
¡Funcionó! —grité por dentro.
Desde ese día, me convertí en la protectora del pueblo contra el frío. Y mi tejido mejoraba cada día.
🧣 Tejiendo Sin Parar
Para las flores: Tejí unas pequeñas mantitas de neblina para que las flores pequeñas no se congelaran en la mañana.
Para los gatos: Dejé caer suaves bufandas de niebla baja para que los gatitos pudieran acurrucarse en ellas.
Y para el pueblo entero: Cuando el viento soplaba fuerte, yo me ponía gorda, gorda, y tejía una capa gigante de nube que cubría todo el pueblo, como un gran edredón, para que el aire no estuviera tan helado.
La gente del pueblo empezó a notar algo extraño. "¡Qué inviernos tan suaves tenemos!", decían. "¡Parece que las flores se abrigan solas!". Nadie sabía mi secreto.
Pero a mí me daba igual. Yo solo soy Nube Nita, y mi mayor alegría es ver que, aunque no puedo darles un abrazo, puedo tejerles el abrigo más suave y calentito que existe: un abrazo hecho de algodón y bondad.
Y si un día ven una nube blanca que se mueve muy despacio y parece estar concentrada, ¡es probable que esté terminando el cuello de una bufanda para alguien que lo necesita!
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