sábado, 25 de octubre de 2025

La expedición al pico de la almohada gigante

La expedición al pico de la almohada gigante

¡Hola! Soy Leo, y aunque solo tengo seis años, soy el explorador más valiente y el capitán de mi propia tripulación. Mi territorio de exploración favorito es mi habitación. ¡Es un lugar lleno de peligros y maravillas!

Pero la misión más importante de todas, la que me quita el sueño (literalmente), es la Expedición al Pico de la Almohada Gigante.

Verán, en mi cama hay una almohada que no es normal. Es ¡enorme! Suave, esponjosa y tan blanca que parece hecha de nube. Desde el suelo, parece que toca el techo. ¡Es un verdadero pico nevado! Mi misión es simple: tengo que conquistarla. Tengo que llegar a la cumbre antes de que... bueno, antes de que sea hora de dormir y me atrape.

Hoy es el gran día.

Me preparo para la aventura. Me pongo mi traje de explorador (un pijama de dinosaurios que me da superpoderes), y mis botas de montaña (unos calcetines muy gordos).

"Tripulación, ¡preparados para la ascensión!", digo con voz grave a mi fiel equipo. Mi equipo son:

  1. Roco, mi perro de peluche, el experto en escalada.

  2. Señor Búho, un muñeco de trapo, el encargado de la logística y la comida (hoy llevamos galletas imaginarias).

El primer obstáculo es el Gran Desierto de la Sábana Arrugada. Es un terreno traicionero, lleno de pliegues que podrían hacer tropezar a cualquiera. Roco va delante, oliendo el camino con su nariz de botón. Yo le sigo, dando pasos grandes para no quedarme atascado.

"¡Cuidado con la grieta!", grita Señor Búho desde mi bolsillo. Hemos llegado al borde de la cama, ¡un precipicio!

Para cruzar, tengo que usar el Puente del Cojín Flotante. Es un cojín cuadrado, muy firme, que papá dejó anoche. Lo empujo con mis rodillas hasta que está justo en el borde. ¡Salto! Aterrizo con un "¡puf!" suave. ¡Ya estamos en la base!

Y ahí está: el Pico de la Almohada Gigante. Su ladera es empinada y muy resbaladiza. Parece que no hay por dónde agarrarse.

"Roco, ¿cuál es el plan?", pregunto, ajustándome mi gorra imaginaria.

Roco me mira con sus ojos de plástico. En mi mente, él me dice: "Capitán, debemos escalar por el lado de la 'Montaña de Etiquetas'. Las etiquetas de la funda nos darán agarre."

¡Qué buena idea!

Comienzo la escalada. Es difícil. Subo gateando, sintiendo el aroma limpio del suavizante. Mis manos se hunden un poco en la espuma. Una vez, resbalo y ruedo un poquito, pero Roco me atrapa con su pata y me salva.

¡Sigo subiendo! Izquierda, derecha, agarre, empuje... ¡Ya casi llegamos!

Después de lo que parecieron horas de escalada (en realidad, solo fueron dos minutos), mi cabeza asoma por la cima. ¡Lo logramos!

Me levanto con cuidado. Desde aquí arriba, el mundo de mi habitación es increíble. El armario parece una torre gigante, y mis juguetes son pequeños puntitos brillantes en el suelo.

Grito con todas mis fuerzas: "¡Hemos conquistado el Pico de la Almohada Gigante! ¡La bandera de la Expedición Leo es plantada!"

(Planto a Señor Búho en el punto más alto, como si fuera nuestra bandera).

Me tumbo en la cima. Es el lugar más suave y cómodo de todo el universo. Siento que podría flotar hasta las estrellas. Roco se acurruca a mi lado, y Señor Búho, nuestra bandera, parece sonreír.

Mientras estoy ahí, celebrando mi victoria, un peligro inesperado me ataca. No es un monstruo, ni una avalancha. Es algo mucho más fuerte: el cansancio de la expedición.

Mis párpados se sienten pesados. El Pico de la Almohada Gigante es tan increíblemente cómodo que... que...


(Y así es como el Capitán Leo y su valiente tripulación fueron capturados por el lado más suave del Pico de la Almohada Gigante, donde cayeron en un profundo y dulce sueño, listos para la próxima gran aventura al día siguiente.)

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